"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

viernes, 2 de enero de 2015

Carta de Lázaro Saavedra a propósito del frustrado performance de Tania Bruguera en ‪#‎Cuba‬:

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Tania gana, los derechos civiles continúan perdiendo

“El arte es una prenda a la que, a veces, hay que darle de comer violaciones a los derechos civiles” Tata Watashi

Tania ha aprovechado una situación específica para plantear un problema mediante un intento de acción “aRtivista”. Sabe perfectamente de antemano que tiene únicamente dos respuestas a su propuesta: “sí” o “no”. No importa, cualquiera de las dos vendrá bien, sea positiva o negativa, será otro aporte a su currículo artístico, más que algún logro en cuanto a materia de derechos civiles. Ella conoce el juego y lo activa, los demás no tienen otra opción que ser parte del juego. En ambos casos, desde un principio, no tenía nada que perder en el plano profesional, todo lo tenía a su favor, ya fuera ante la posibilidad de realizar su performance (acción aRtivista) o en el caso contrario: la censura, la cual conlleva a que “El susurro de Tatlin” se convierta en La Bulla de Tania, con todo los personajes implicados interpretando su papeles según el guion previamente establecido para estos casos: propuesta de plataforma, redes sociales, coberturas mediáticas, apoyos, alertas, diálogos, negociaciones, represiones, detenciones, solidaridad, liberación, etc. A pesar de los pesares, permitan o censuren, en ambos casos habrá performance. Tania y sus seguidores, se encargarán de fundamentar y teorizar todo a posteriori. En este sentido y en esta oportunidad, “‪#‎Yo‬también exijo” fue una estrategia bien pensada (o intuida). Su “acto creativo” radica en buscar, encontrar, aprovechar y plantear un problema que incluye dos posibles “respuestas” previamente “programadas”, (la añeja fórmula conductista estimulo-respuesta), cualquiera de las cuales, mediante un golpe mediático, anotaría un tanto a su carrera profesional. Si en Cuba, cualquier ciudadano de a pie que resida en el territorio se implica en acciones disidentes o de oposición abierta contra el gobierno, las repercusiones negativas de dichos actos sobre su vida cotidiana no se harán esperar, sobre todo si es un desamparado don nadie. Para un artista cubano (amparado don alguien) que pase la mayor parte del tiempo fuera de Cuba y utilice la lucha por los derechos civiles como un medio de aRtivismo circunstancial en el territorio cubano, cualquier enfrentamiento con el gobierno no tendrá una repercusión negativa real en su vida cotidiana porque está fuera del radio de acción de este, todo lo contrario, venir a Cuba es una vía para acumular “méritos laborales” para el “circuito internacional” del arte “global” a partir de una confrontación directa contra un gobierno autoritario. Cuba continúa siendo un lugar donde ocurren cosas interesantes, hace unos meses por ejemplo, el Estado visible de la República Independiente de la Habana puede exhibir una exposición de Pedro Pablo Oliva que el Estado invisible de la República Independiente de Pinar del Rio se negó a exhibir.

¿Puede alguien concebir un performance, en nombre de los derechos civiles, sabiendo de antemano que se lo van a prohibir y aprovechar la censura a su favor? La respuesta es positiva y Tania lo acaba de demostrar. Hace mucho tiempo leyó a Foucault y conoce que quien controla el espacio controla la conducta humana. Lo anterior es aplicable a cualquier tipo de espacio, ya sea el de una institución “pública” del sistema del arte o un espacio público fuera del sistema del arte. Yo no sé si el “Estado” ha leído a Foucault, pero lo aplica muy bien. En Cuba, el espacio público lo controla el Estado, las movilizaciones espontáneas no son bienvenidas. La violencia institucional, especialmente en el interior del país, contra cualquier manifestación callejera considerada como disidencia u oposición hacia el sistema dan fe de ello. Únicamente en el verano del año 1994, durante el “maleconazo”, fue que el Estado perdió brevemente el control del espacio público en una parte de la capital. Otro ejemplo entre tantos: desde los 90, Oscar Elias Biscet en nombre de los derechos humanos intentó actuar en el espacio público capitalino, y en el de provincia, para operar sobre la conducta del ciudadano de a pie mediante métodos de desobediencia civil y la reacción del gobierno fue dura contra su persona. La calle es del Estado, llámese este Fidel o Raúl, recuérdese la consigna: “¡Esta calle es de Fidel!”. Tania sabía perfectamente que no le iban a permitir realizar la obra, de lo contrario es ingenua, o está padeciendo amnesia por estar más tiempo fuera que en Cuba, y olvidó como se mueve esto aquí dentro ¿es que no recuerda como le “impidieron” continuar con la publicación independiente de “Memoria de la posguerra” a principio de los 90? ¿Olvidó lo que sucedió en la X Bienal de la Habana en el 2009 con “El susurro de Tatlin # 6”? ¿Acaso pensó que las cosas cambiaron de un día para otro por un toque mágico el 17 de diciembre de 2014? ¿Creyó que le iban a decir: “bienvenida, la plaza es del pueblo, abramos todos los micrófonos y que se escuchen todas las voces, la policía está para proteger a cualquier ciudadano que exprese libremente lo que piensa”? No lo creo.

Dentro de la cultura, y en este caso las artes visuales, los desbalances entre las relaciones arte-política siempre se van a caracterizar porque todo arte político comienza pensándose ilusoriamente más como política que como arte para al final terminar como siempre, siendo más arte que política y con todo el sistema del arte soñando que fue más política que arte. Un ejemplo clásico: siendo consecuente con el concepto artístico de “escultura social” creado por Joseph Beuys, que para él era la manera en que somos capaces de modelar o dar forma a la sociedad en que vivimos (una especie de empoderamiento civil), el artista germano se nos queda como un aprendiz de escultor ante “escultores sociales” como José Martí, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Lenin, Lutero, etc.

Comparto al 100 % las razones de la carta de Tania del 18 de diciembre de 2014 desde el Vaticano, razones que sobrepasan y anteceden su carta, pero obras son amores y no buenas razones. En este país hay muchas personas que llevan años luchando por los derechos civiles, pienso que ellos hubieran, de alguna manera, amado a Tania si en los momentos de cualquier forma de hostigamiento ella hubiera estado cerca, haciendo arte útil al menos. Para ellos la lucha por los derechos civiles comenzó hace bastante tiempo, no el día 30 de diciembre del 2014 a las 3:00 de la tarde en la Plaza Cívica (de la Revolución). Desde el Vaticano, el penúltimo párrafo de su carta, cito: “Hoy me gustaría proponerle al cubano donde quiera que esté que salga a las calles el próximo 30 de diciembre a celebrar, no el fin de un bloqueo/embargo, sino el principio de sus derechos civiles.” De todas maneras, ¡Bienvenida!

Como sucedió con “El susurro de Tatlin # 6” (El Susurro del Lam) en el 2009, Tania se irá de Cuba con otro “gol” para su currículo artístico, con miles de anécdotas, será criticada y también celebrada por su osadía y valentía en redes sociales reales y digitales, algún que otro crítico o curador la incluirá oportunamente en textos sobre arte contemporáneo, curadurías, etc. En este país quedaran miles de cubanos luchando por los derechos civiles, y como siempre desde fuera habrán cientos o miles empujándolos: el que empuja no se da golpe. Y no se confunda lo anterior con un verdadero apoyo exterior. Pero también quedaran personas pensando que “#Yo también exijo” fue una acción infantil al estilo de “oe caballero, vamo’ pa’ llá pa´armar bulla”. Y si nos arrestan, mejor todavía, cada maltrato, será un mérito.

Si en un lado de la balanza ponemos algún modesto aporte de “#Yo también exijo” a la lucha de los derechos civiles en Cuba y del otro a “#Yo también exijo” en sí, tenemos más de provocación con “#Yo también exijo” de Tania Bruguera que algún logro o avance en materia de derechos civiles que no sea el hecho archiconocido, confirmado y repetido una y otra vez: el gobierno no acepta abrir todos los micrófonos y que se escuchen todas las voces. Estamos cansados de escucharlo y padecerlo. Eso lo sabe todo el mundo incluido el gobierno, lo que sucede es que a este no le gusta que se lo recuerden o lo hagan visible, como se ha confirmado en parte con “#Yo también exijo”. Y está bien repetirlo hasta que un día se abran. Si Cuba hubiera sido un país donde los micrófonos hubieran estado abiertos para todas las voces, nunca hubiera existido “#Yo también exijo”, como han existido tantas otras cosas de las que nadie se ha enterado.

Realmente lo interesante (y por supuesto lo menos fácil), para ser consecuente con los objetivos, hubiera sido haber creado a través del arte, o el aRtivismo, una estrategia efectiva y real de “abrir los micrófonos” para que se escucharan “todas las voces”. Es decir, Tania debió haber encontrado una vía inteligente, evadiendo la censura o estructuras formales de control social, buscando, creando (para eso es una creadora) una zona temporalmente autónoma (TAZ) donde se hiciera posible “abrir los micrófonos” para que se escucharan “todas las voces”. Pero fracasó en su intento, las voces siguen esperando ser escuchadas. Considero que cualquier ciudadano de este país, incluyendo toda forma de disidencia y oposición tienen derecho y deben tener oportunidad de ser escuchados públicamente por todos, al igual que la tiene el Estado. El reto sigue en pie…. Igualmente problemas tan añejos como: ¿Son los derechos civiles uno de los tantos medios para hacer arte o es el arte un medio para luchar por los derechos civiles? ¿Es el arte, o el aRtivismo, un medio realmente efectivo para luchar por los derechos civiles? ¿Cuál es la idea de nación que estamos construyendo? Tania finaliza su carta desde el Vaticano, cito: “Asegurémonos que sea el pueblo quien se beneficie de este nuevo momento histórico. Patria es lo que nos duele.” Pero todos sabemos que a cualquier artista lo que más le duele es no poder vivir de su arte y el umbral del dolor de algunos artistas con respecto a la Patria es bastante raro y caprichoso. Lo que si le duele a cualquiera es que le pisen un callo.

Lázaro A. Saavedra González
30-12-2014

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